IMÁGENES PAGANAS

November 1st, 2007 by Rupert

Las reuniones de trabajo muchas veces ofrecen un gran campo para la realización de los negocios, uno conoce gente que tiene postgrados y maestrías hechas en el extranjero, algunos incluso son especialistas y asesores del gobierno o de algún consulado. Pero estas reuniones o congresos son además una fuente de estudio inagotable acerca del comportamiento humano, al menos para las personas que les gusta observar y advertir ciertos comportamientos compulsivos al interior de estos grupos sociales. Existen varios tipos de comportamientos que me gustaría ir describiendo a medida que me aventuro en este artículo, el cual pretendo llevar de una manera fresca y amena. Por ejemplo hace algunos años tuve la oportunidad de asistir a la inauguración de una universidad especializada en ciencias tecnológicas. La cita estaba hecha para las seis de la tarde y el programa tenía como acto inaugural las palabras del rector de la universidad seguidas por la bendición de un sacerdote de la iglesia católica. Esta parte era bastante formal y, la verdad, fue de mero trámite, no descubrí ninguna de estas actitudes que tanto me gusta contemplar salvo algunos bostezos típicos en estos discursillos forzados y con innecesaria retórica para mi gusto. En fin, una vez transcurrida esa parte si vino lo bueno, pues el programa de inauguración contemplaba la presentación del grupo musical conformado por los trabajadores de una conocida entidad bancaria quienes montaba un magnífico espectáculo de canto y baile con varias coreografías realizadas por sus trabajadores. Aquí fue donde el “material” empezó a aparecer. Lo primero que pude ver acierta distancia fue la desesperación de algunos invitados por acercarse al llamado “backstage” donde los trabajadores del banco se cambiaban para su respectivo turno de presentación. Evidentemente eran los hombres quienes más pugnaban por mirar por el espacio que dejaba la puerta entreabierta del camarín. Había mujeres muy guapas en el coro del banco y los invitados a la ceremonia daban vuelta como tiburones en busca de sus presas. Bastante graciosa esta primera escena puesto que las chicas del coro estaban más concentradas en lo que sería su presentación mientras que los avezados pretendientes prácticamente les entregan sus tarjetas personales a la fuerza.

 

            Transcurría la noche y la segunda perla apareció. Pude ver que de una portezuela salían cuadrillas de mozos impecablemente uniformados con pantalón negro, saco blanco y corbatín, sosteniendo bandejas repletas del mejor champagne, pero lo que yo vi no pasó desapercibido a los más “sedientos” que prácticamente desvalijaban a los inocentes mozos a su paso, algunos incluso cogían dos copas de un solo tirón desconociendo las reglas de educación más elementales. Los recorridos de los mozos eran cada vez más cortos pues a medio camino se topaban con la sorpresa que la bandeja que sostenían por encima de la cabeza ya no tenía peso y era porque habían sido “desplumados”. Hubo un momento en que los mozos prácticamente ya ni salían de la improvisada cocina puesto que varios de los invitados a la ceremonia ya se habían agrupado muy cerca de la portezuela de salida para cometer allí mismo su pillaje, era divertido ver como los mozos ponían cara de pánico al cruzar el marco de salida y toparse con los invitados que inmediatamente los rodeaban para disputarse las copas del burbujeante champagne, algunos mozos incluso pretendían hacer piruetas para sortear las incontables manos que se les acercaban. Unas escenas bastante jocosas que en más de una ocasión terminaron con varios trajes mojados y unos pelos despeinados. Pero mientras eso ocurría en uno de los extremos del salón pude ver que por el otro lado la gente caminaba con paso acelerado de un lado a otro como leones encerrados y me acerqué a ver qué acontecía. Fui avanzando por la pista de baile, sorteando poco flexibles bailarines y, a medida que me acercaba al otro extremo del salón, un exquisito aroma a pavo ahumado me sometió. Fue allí que pude divisar que la mesa del buffet estaba siendo servida pero la orden de proceder a comer aún no se había dado. Me divertí observando como los invitados no podían contenerse más ante los deliciosos potajes y, en un intento por calmar su ansiedad, no tuvieron mejor idea que caminar como autómatas de un extremo a otro de la larga mesa, siempre procurando no perder su posición cercana a la misma. Mientras los mozos se apuraban en colocar todos los platos conteniendo los más variados potajes y postres además del menaje respectivo, otros mozos solicitaban calma a la gente e incluso llegaron a formar una pequeña cadena humana para contener a la hambrienta turba. No pude contener la risa cuando se dio la orden de acercarse a la mesa, parecía la largada de una maratón y todos se atropellaban entre todos, muchos dándose cuenta de esto abandonaron su baile y acudieron a toda velocidad a hacerse con algo de comida, la orquesta seguía tocando mientras tanto. Pero el colmo ocurrió cuando me acerqué a una de las mesas, mejor dicho cuando intenté acercarme. Los comensales de espaldas a mí, al sentir que alguien se acercaba cubrían la posición estirando sus brazos e impidiendo el acceso de nuevos comensales, como disfruté con estas escenas y lo más cómico y enternecedor al mismo tiempo vino a continuación cuando divisé un espacio vacío en una mesa, me acerqué entonces y por poco piso a una persona que se encontraba en cuclillas con una pierna de pavo en la mano y escondiéndose debajo de la mesa para darle mordiscos. Ahí sí que solté una carcajada que se escuchó pese al sonido de la orquesta, era increíble, esta persona había traído su mejor traje pero había dejado los modales en casa.

 

            Ahí no terminaron las escenas del comportamiento humano y la última escena de la noche estuvo a cargo de un compañero de trabajo, se trataba de Enrique, director del área comercial, a quien descubrí conversando muy cordialmente con otra colega, pude ver que se desvivía en atenciones y le alcanzaba la copa de champagne con su respectiva servilleta, sólo le faltaba pedir propina. Decidí acercarme y me acoplé a la conversación, charlamos un poco de negocios y en un momento que Enrique se fue al sanitario, mi colega que se desempeñaba en el área de redacción me preguntó de dónde había conocido a Enrique, a lo que respondí que éramos amigos desde la época de la universidad. La repregunta de la noche vino a continuación cuando Vivian me dijo, hábilmente, que de ser así entonces seguramente fui a su matrimonio, a lo que respondí afirmativamente. Eso fue todo para el buen Kike, pues Vivian se excusó y se retiró indicándome que la despidiera de mi amigo. A los pocos minutos Kike regresaba del baño y al preguntarme por Vivian, le comenté la pequeña conversación que había sostenido con ella a lo que me dijo que él ya le había dicho que no era casado y que yo acababa de cometer una tremenda torpeza. También se paró y se fue tras ella y yo eché a reir nuevamente, solo, como un loco, como usted lo está haciendo ahora.

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